miércoles, 28 de junio de 2017

Cuento: "La biblioteca está triste, ¿por qué será? por Daniela Carolina Cañete, o sea yo



Frente a un colegio se ubicaba una gran plaza que curiosamente tenía una puerta pero no había ninguna reja que la rodeara.
Para entrar a la plaza no hacía falta pasar por la puerta lógicamente, pero sí para llegar a la biblioteca que estaba emplazada en el medio de ella.
Otro dato curioso era que la biblioteca pertenecía al colegio que estaba frente a la plaza, sus usuarios concurrían a la biblioteca entrando por esa gran puerta. Ellos sólo sabían de la existencia de la misma.

Recuerdo que un día acompañé a mi amiga Carolina a devolver un libro y no entendía nada cuando abrió la puerta para entrar a la plaza. La sola idea me parecía ridícula. Mi amiga me decía muy seria que era la entrada a la biblioteca.
El paisaje que aparecía tras la puerta era totalmente diferente al de la plaza, lleno de árboles muy altos, bancos que invitaban a la lectura, carteles que indicaban el camino a la biblioteca, hasta un semáforo para peatones, cosas de lo más extrañas.
Caminamos unos cinco minutos por un sendero rodeado de pinos, hasta llegar finalmente a la biblioteca, se la veía muy luminosa, con sus puertas abiertas de par en par y una vez dentro nos recibía la bibliotecaria, muy alegre, se llamaba Amalia.
Mientras mi amiga Carolina devolvió el libro que se había llevado a su casa, aproveché a recorrer el lugar, nunca en los cinco años que había cursado la primaria había ido a la biblioteca, ni por curiosidad.
Era un lugar realmente mágico con estanterías bien altas de madera maciza, eran tan altas que se necesitaba una escalera para llegar a los libros que descansaban a lo alto de la estantería.

En el sector de libros para chicos las bibliotecas tenían forma de libro abierto y los estantes eran como los renglones de ese gran libro, allí aguardaban historias de amor, aventuras, de detectives, de miedo y los chicos al elegir un libro y abrirlo  para ver de que trataba los hacía sumergirse literalmente dentro del libro para  vivir en carne propia la historia.
Era una biblioteca muy completa, no se trataba de que tuviera muchísimos libros, sino los necesarios para saciar las necesidades de información de sus usuarios,  en fín que la biblioteca estaba feliz porque cumplía su función dentro de la escuela hasta que un día un alumno se olvidó de devolver un libro y pasaron varios días y ese libro no pudo ser prestrado nuevamente.
La biblioteca parecía estar un poco apagada, pero era sólo una ilusión óptica, seguía siendo un lugar muy alegre y luminoso, según iba transcurriendo el ciclo lectivo a los chicos se les hacía pesado atravesar la puerta y hacer todo el camino para ir a devolver un libro y se olvidaban o no tenían ganas, pero sí iban con ganas a buscar la información que necesitaban.

Pasaron los meses y la biblioteca ya no era la misma, se había vuelto oscura, silenciosa y en sus estanterías no había un solo libro, Amalia -la bibliotecaria- estaba triste porque no tenía libros que prestar, ya que los alumnos se olvidaban de devolverlos.
Qué triste una biblioteca sin libros...
En los pasillos de la escuela se empezó a correr el rumor de que la biblioteca no tenía más libros y corría el riesgo de cerrar sus puertas.

Al cabo de unos días había pasado por la plaza y ví una cola en la puerta, era la puerta que conducía a la biblioteca, la gente que pasaba por la vereda de la plaza no entendía nada, no sabía que la puerta conducía a la biblioteca del colegio que estaba frente a la plaza.
La fila era para devolver los libros que los usuarios se habían llevado a sus casas, cada libro que era devuelto, no sólo ocupaba su lugar de nuevo en el estante, sino hacía que la biblioteca se volviera poco a poco luminosa y alegre como lo era. Los chicos entendieron que la biblioteca seguiría abierta mientras los libros fueran devueltos una vez leídos, llegando en tiempo y forma.
Finalmente me animé y fui a buscar una novela a la biblioteca, al abrirlo encontré una nota pegada en la primera página que decía:

”Con cada libro que no es devuelto se pierde la oportunidad de ser disfrutado por otro lector”



  26/12/2016
Si tuviera que imaginar como sería la biblioteca de mi cuento se asemejaría a ésta hermosa ilustración de mi amiga Anna Forlatti


Hace dos años que trabajo en una biblioteca escolar en un Instituto en Hurlingham, el tema del préstamo a domicilio siempre me preocupó porque los alumnos les gusta utilizar éste servicio pero les cuesta devolver a tiempo, es por eso que el año pasado tuve una pesadilla. 
Soñé que iba a trabajar y me encontraba con la biblioteca vacía -sin libros-porque no eran devueltos, venían  a buscar información y no podía ofrecerles nada, era una sensación muy fea. Y a raíz de esa pesadilla surgió éste cuento que compartí con los alumnos del Instituto para concientizar y hablar de los valores, el pensar en el otro, el compartir y se adapta a muchas situaciones  de la vida. 

Una de las interpretaciones de una alumna de segundo grado me dijo que para ella la biblioteca del cuento era imaginación de los alumnos, las tenían en sus mentes.

Cómo no me convence el título les pedí que propongan otro título y me gustaría poder ilustrarlo...espero que les guste. 

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